Una etapa tan incierta como la vida misma. El enfermo no está dado de alta, la enfermedad sigue latente. Un porcentaje vuelve a desarrollar cáncer de nuevo. Otros no.
Y es realmente la etapa del cambio. Donde se vuelve consciente de lo que representa cada minuto. Donde se pone en la balanza lo que vale la pena y lo que no. Donde se retoman los sueños olvidados. Se hacen las llamadas pendientes. Se tira lo que no sirve. Se reestructura la vida.
Como paciente y como cuidador. Es el momento en que te das cuenta que el amor de tu vida eres tú mismo, y que sólo así puedes compartirlo con el otro. Es tomar consciencia de que no haces feliz al otro. Eres feliz y lo compartes con el otro.
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