Aunque soy de la idea de "que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu mano derecha" esta vez sí quiero comentar un poco de lo que significa mi trabajo voluntario en el hospital infantil de oncología.
Es curioso cómo la gente cercana que sabe que realizo esa labor emite opiniones como " es que no entiendo cómo puedes" , " es el colmo que te eches encima problemas que no son tuyos", " no entiendo cómo te gusta sufrir" , etc.
Es muy claro que no cualquiera está llamado para esta labor. No es posible ayudar sin comprender.
Hay que entender que la mejor manera de ayudar es como si fuera tu problema, pero que no lo sea. Es entender que la ayuda no es venir a darte una charla de religión, ni decirte frases sacadas de un libro de superación personal. Tampoco es venir a hacerte una función de teatro cómico cuando sientes que los murmullos son como si te gritaran, que la luz lastima tus ojos como si fueran alfileres, o que tus piernas duelen tanto y están tan débiles que no sabes si te van a responder.
La ayuda verdadera es la que simplemente está. Tanto para el enfermo como para su cuidador. Y es eso a lo que voy y me llena de tanta felicidad y alegría, y me permite valorar, ahora viviendo del lado del cuidador, la valiosa ayuda de quienes han estado cerca en este tiempo.
Es esa ayuda que te dice que puedes ir al baño y dejar a tu enfermo unos minutos mientras se quedan al pendiente. Es ese oído que solo escucha, no opina ni juzga, y que aguanta incluso que se le diga de manera nada amigable que no quieres compañía. Es ese platillo de comida que te llega justo el día más pesado, que por cuidar a tu familiar enfermo, no has podido ni pensar en que tienes que comer. Es esa mano que llega y te ofrece algo tan simple como sacar al perro.
Gracias infinitas.