Una etapa tan incierta como la vida misma. El enfermo no está dado de alta, la enfermedad sigue latente. Un porcentaje vuelve a desarrollar cáncer de nuevo. Otros no.
Y es realmente la etapa del cambio. Donde se vuelve consciente de lo que representa cada minuto. Donde se pone en la balanza lo que vale la pena y lo que no. Donde se retoman los sueños olvidados. Se hacen las llamadas pendientes. Se tira lo que no sirve. Se reestructura la vida.
Como paciente y como cuidador. Es el momento en que te das cuenta que el amor de tu vida eres tú mismo, y que sólo así puedes compartirlo con el otro. Es tomar consciencia de que no haces feliz al otro. Eres feliz y lo compartes con el otro.
Las citas medicas son más espaciadas. Cada dos, cada cuatro, cada seis meses. Solo lo suficiente para recordarte que la batalla se libra todos los días, para todos; la diferencia es sólo que eres consciente.