jueves, 17 de marzo de 2016

La calma chicha.



Como escribe sabiamente Arturo Vega Morán:
"Hablar de calma chicha es hablar de la quietud. Pero no de esa que cura la fatiga, no de esa que abre espacios a la meditación, no de la que es remanso en la turbulencia de la vida. Hablar de calma chicha es hablar de la otra quietud, la que desespera, en la que no hay negro ni blanco, ni frío ni calor, ni bien ni mal... la que sabe a muerte." (1)

Ese periodo  en que termina el ciclo de quimioterapia y hay que esperar un tiempo determinado para realizar estudios y ver si funcionó. 
Para reponerse y si todo está bien, establecer un nuevo plan de vida; y si no... También. 
Ese tiempo en que se empieza a sentir alguna mejoría, pero no total. Ese tiempo que no se sabe si el malestar es secuela de tratamiento, o se está reactivando la enfermedad.

Ese tiempo, en que deseas retomar la vida normalmente, pero nada es igual.
El cuerpo está resentido, el alma tal vez más.

Y ahí entra en juego la fe. Tener fe que todo saldrá bien. Pero, ¿que es bien?

¿Salir lo menos dañado acaso? 

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